El golpe Militar iniciado el 24 de Marzo de 1976, que se extendió hasta el 10 de diciembre de 1983, generó una profunda herida en la sociedad, la economía y la política argentina, que vale la pena seguir rememorando.
El autodenominado "Proceso de Reorganización
Nacional" liderado por la Junta Militar, formada por el ex General Jorge
Rafael Videla, el ex Almirante Emilio
Eduardo Massera y el ex Brigadier Orlando Ramón Agosti, desplazó del poder a la entonces presidenta María
Estela Martínez de Perón, quien gobernaba el país desde la muerte de su esposo,
el líder político Juan Domingo Perón, el 1º de Julio de 1974.
La crisis económica y social en la que se debatía el futuro
del país permitió al gobierno de facto hacer pie y fortalecerse en detrimento de
la participación política, partidaria y sobre todo democrática de la población. En medio de la convulsión social, los partidos políticos y los sindicatos, bastiones de la participación democrática, quedaron relegados a un segundo plano, al no hallar una solución que pudiera contener las exigencias e incertidumbres de la mayoría de la población.
En ese momento, la sociedad se encontraba en la encrucijada de acompañar un
proyecto económico que arremetía contra los sectores más pobres, o bien seguir la opción
que proponían las fuerzas políticas más revolucionarias, surgidas a principios
de los '70, como Montoneros y ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), que bregaban mediante la lucha armada por un cambio transcendental en materia
económica y política.
En medio de una crisis con pocas chances de ser superada prontamente, comenzó a resonar desde
los sectores mejores acomodados del país la necesidad de "mano dura"
contra el caos que se vivía. Así, las FF.AA. dieron inicio a un proyecto con vistas a
destruir la conciencia y la participación política, la industria y la producción
nacional -legado peronista- y a toda voz que se pronunciara en contra de sus
intereses, mediante la represión, la tortura y los asesinatos masivos.
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| Portada del libro "Nunca Más", donde están las historias de los sobrevivientes de la represión. |
Las medidas principales de la Junta Militar que pasó a
dirigir los destinos del país, fueron de carácter autoritario, liberal y
conservador. Se suspendieron las actividades políticas y los derechos de los
trabajadores, se intervinieron sindicatos en
todo el país, además de la CGT (Confederación General del Trabajo) y la CGE
(Confederación General Económica); se disolvieron los partidos, el Congreso y
la Corte Suprema de Justicia; se intervinieron escuelas y facultades, se persiguió
a las personas sospechadas de cometer "prácticas subversivas"; se
prohibieron canciones, artistas, cantantes, se quemaron libros. Todo esto y
más, en pos de la "tranquilidad y el orden social".
En el ámbito económico la dictadura causó uno de los mayores
estragos. José Alfredo Martínez de Hoz, quien fuera nombrado Ministro de Economía, dispuso una receta económica ampliamente liberal. Se congelaron los salarios, se aumentaron sucesivamente los
precios de la canasta alimentaria, se suspendieron las inversiones en las empresas estatales y al mismo
tiempo se impulsó el consumo de productos importados.
Además, la Junta Militar, en nombre del Estado Argentino, se endeudó en más de 45.000 millones de dólares, la deuda externa del país creció más de un 300%.
Además, la Junta Militar, en nombre del Estado Argentino, se endeudó en más de 45.000 millones de dólares, la deuda externa del país creció más de un 300%.
El resultado a corto plazo fue la llamada
"tablita", la "bicicleta financiera", los miles de trabajadores despedidos y los cierres de fábricas en todo el país. A largo plazo,
provocaron el deterioro de la producción nacional, lo que ató la
economía y el consumo a los productos importados de todo tipo, reduciendo las reservas económicas.
Pero el saldo más triste y devastador de la dictadura fueron
los 30.000 desaparecidos. La persecución política e ideológica de miles de
trabajadores, estudiantes, periodistas y militantes, era la manera que
encontraron la FF.AA. para socavar la conciencia colectiva que pujaba por un
país en mejores condiciones, democráticas, plurales y participativas.
Mediante un plan sistemático, se secuestraron, torturaron y
mataron a miles de personas en centros de detenciones clandestinos; de otras
tantas no se sabe nada y pasaron a engrosar la lista de desaparecidos que aún se buscan.
Pero la infamia más grande cometida por los represores fue el robo de cientos
de bebés, hijos de las prisioneras que eran secuestradas embarazadas y que
fueron dados a familias de militares o de civiles en connivencia con la
dictadura.
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| Madres de Plaza de Mayo, marchando en 1978. |
A raíz de estos secuestros, desapariciones y el robo de
bebés es que surgieron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, organizaciones
que pidieron, y aún piden por el esclarecimiento de los casos de delitos de lesa
humanidad, el juicio y castigo a los responsables y el hallazgo de los nietos
que continúan apropiados, sin conocer su verdadera identidad. Por su lucha,
se han convertido en referentes de los Derechos Humanos a nivel internacional y lograron recuperar, hasta ahora, 116 nietos.
El saldo de la dictadura cívico-militar fue atroz, no sólo
por el vaciamiento económico, sino también por los crueles métodos a través de
los cuales un sector minúsculo y con un concentrado poder dirigió a diestra y a
siniestra al conjunto del país para satisfacer sus vastas ambiciones.
Queda mucho por hacer, todavía hay familias que
desean saber lo que sucedió con los hijos y los nietos que no están. Hace falta
que la Justicia, más ahora que llevamos 30 años de democracia, determine de una
vez por todas la culpabilidad de los responsables, tanto de los crímenes de
lesa humanidad, como del encubrimiento de los mismos. Es necesario que se
juzgue la verdadera colaboración con el poder por parte de los periodistas y de los
medios de comunicación durante la dictadura militar. Si no hay justicia, sólo
nos queda la memoria.
A casi cuarenta años de la dictadura más sangrienta en
Argentina, continuamos recordando los nombres y las acciones de los
responsables de una de las etapas más oscuras de la nación, porque esperamos verdad y justicia, por los 30.000 desaparecidos, por los nietos, por los asesinados, porque todavía hay impunidad, porque no queremos que se repita Nunca Más.
Abril Lugo








